No importa cuán grande sea el cliente o cuánta experiencia tenga en el mercado. Tampoco importa si es un profesional del marketing con muchas campañas a sus espaldas, todos… ¡Absolutamente todos! Se hacen la misma pregunta:  «¿Cuál es la extensión ideal de un artículo para mi blog?».

Y cada vez que me lo preguntan, mi respuesta es la misma: depende. Depende de quién lo va a leer, de qué tema estás tratando y del estilo que tiene tu blog. 

Sí, sé que esta respuesta puede sonar a evasiva o una oda a la improvisación, pero es la realidad, pura y dura. Realmente, no existe una fórmula mágica o una cantidad de palabras universal que garantice el éxito de un artículo. En el fondo, lo que realmente importa no es el número de palabras, sino lo que haces con ellas. 

Hoy hablaremos de eso, de cuando conviene extenderse un poquito más de la cuenta sin sonar a «cháchara de abuelo de plaza». Asimismo, veremos cuando un texto no da más de sí y hay que cerrarlo con lo que tenemos. Veremos además, que las llamadas «fórmulas SEO» no siempre están casadas con un buen texto. Por qué, al final del día, no se trata de cuán largo o corto sea tu artículo. Es un tema de cuánto valor aporta… ¿Estamos listos?

Pues, vamos a romper algunos mitos que nos están haciendo muchísimo daño a redactores y lectores.

El mito de los artículos «cortos y digeribles»

Hay una corriente muy extendida que defiende la brevedad como un estandarte de popularidad. Una corriente que dice sin pudor eso de «la gente ya no lee». Y, lo más preocupante, es que muchas empresas piensan que lo que se aplica a las redes sociales se aplica a su negocio. No son pocos los que piensan que los usuarios de Internet no tienen paciencia, que apenas leen y que lo mejor es «ir al grano» lo antes posible. De hecho, se atreven a dar cifras: textos breves, de 300 o 400 palabras como mucho.

Y sí, no lo podemos negar, es cierto que el ritmo digital ha acelerado la forma en la que consumimos contenido. Pero eso de que nadie tiene tiempo para leer un tratado cada vez que entra en un blog, no es un dogma. La rapidez de la vida cotidiana no significa que tus lectores no quieran profundidad. Especialmente, cuando el tema toca con una aguja afilada un punto de dolor de su negocio.

Fuera textos vacíos, rellenados con palabras huecas y alargados con lugares comunes

Una cosa tiene que te tiene que quedar meridianamente clara: nadie (¡NADIE!) quiere perder el tiempo con textos vacíos o redundantes. Y no es que la gente no quiera leer, lo que pasa es que, lo que parecemos olvidar a veces, es que el lector merece respeto. Y rellenar un texto sólo por hacerlo más largo es un absoluto irrespeto a la persona más importante de tu negocio. Sí, esos que están al otro lado de la pantalla… ¡Tus clientes!

Corto e insuficiente no es igual. Pero tampoco es lo contrario. Es decir, he leído artículos cortos que, en 400 palabras, explican más y mejor que otros de 5.000. También, he perdido el hilo de un tema después de pocas palabras llenas de clichés y frases de relleno. La clave está en la densidad de información: cuánto valor real hay por cada línea escrita.

¿Cuándo debo ser corto?

Un artículo corto puede ser perfecto si:

  • El tema es simple o puntual
  • Buscas dar una respuesta rápida y útil
  • El lector ya conoce el contexto del tema

Si intentas condensar un contenido complejo en unas pocas líneas, lo más probable es que te quedes corto y tu mensaje se diluya. Aun así, si tratas de eliminar texto buscando hacer tu artículo más corto, dejarás por fuera esa frase que «hace click» en la mente de tu lector. Por resumir: ¡No! Un texto corto no es garantía de éxito. Recuerda que tu blog no es un tweet, un haiku o un tablón de anuncios del periódico local. Cada oración, cada verbo y cada idea debe tocar una tecla y producir el sonido que necesita escuchar tu cliente. 

extensión de un artículo

El otro extremo: artículos eternos que pierden el alma

Sentados en la otra orilla del río, están los que creen que la extensión es sinónimo de calidad. Estos escritores creen fielmente que cuanto más largo es un texto, mejor posiciona en Google y más autoridad transmite. Y esto, otra vez, no es del todo cierto. Aunque, la verdad sea dicha, muchos artículos largos suelen posicionarse bien. 

Sin embargo, hay un elemento que cambia todo el sentido a esto: la profundidad. Cuando un artículo trata un tema en profundidad y responde a múltiples intenciones de búsqueda, la longitud es casi una consecuencia. Esto no quiere decir, que largo y bueno sean sinónimos. ¡Por Dios, apréndete esto! Escribir un texto largo para rellenar huecos, es un error tanto o aún más grave que quedarse corto. La extensión no convierte automáticamente un texto en una guía de referencia.

A lo largo de mi vida, he visto textos de miles de artículos llenos de párrafos vacíos. Artículos compuestos de frases que giran sobre sí mismas y un sinfín de keywords que no aportan nada. Palabras «clave» que se insertan como una mancha de moho en una pared blanca, ¿destacan? Sí, ¿aportan? Ahí, quizá, no mucho. Ese tipo de escritura cansa, confunde y hace que el lector se vaya antes de llegar al final.

Nunca debemos alargar un tema solo para cumplir una meta de palabras o para agradar al SEO. Porque al final, si tu objetivo es posicionar tu web, déjame decirte que Google no premia la longitud, premia el valor. Y el valor no se mide en número de palabras, sino en la capacidad de un texto para informar, inspirar o resolver una necesidad. 

No, un blog no es literatura… I’m sorry!

Algunos redactores consideran que sus artículos son joyas literarias que deberían estar en una biblioteca y no en una web. Por ende, tratan de aplicar (y sobre todo, mostrar) toda su capacidad literaria. Usan palabras muy complejas y sinónimos rebuscados en el diccionario. Es por ello que alargan sus descripciones con detalles innecesarios y su capacidad de síntesis es casi inexistente.

No confundas mis palabras. Escribir es una pasión incombustible y que debes practicar todos los días, si es posible. Pero, el gran detalle, es que tu blog no es una obra de literatura… ¡Es un texto comercial y una herramienta de marca! Recuerda esto siempre. Es más, escríbelo en un post-it amarillo fosforito y pégalo en tu pantalla para que nunca se olvide.

Piensa en tu blog como en un mapa. Cada palabra debe conducir a un lugar. Por ende, cada artículo, cada apartado y cada frase debe llevar a tu lector a un objetivo. Y, sin duda alguna, las florituras, palabras vacías y sin propósito, alejan a tu lector del fin de tu blog: crear un vínculo con tu lector y mejorar la posición de tu marca en el mercado.

Entonces, ¿cómo saber cuál es la extensión adecuada?

Vale, a estas alturas me dirás, con toda razón, que no te he dado una respuesta concisa. Y, créeme, ojalá la tuviera. A pesar de que no te puedo dar un dogma inamovible, te puedo decir que no hay una regla fija en la extensión de un artículo. Lo que sí hay es una lógica interna que te ayuda a decidir cuándo extenderte y cuándo no. Si me contratas como redactor de tu blog, lo primero que te diré es que no puedo empezar a escribir sin antes analizar tres factores: lector, tema y blog. ¿Suena confuso? Pues, entonces, vamos a desmenuzar uno a uno estos elementos medulares para tu artículo.

1. ¿Quién es tu lector?

Nunca, pero nunca, me cansaré de decir esto: ¡Antes de escribir, piensa en quién te va a leer! No escribes igual para un público técnico que para uno generalista. Tampoco tendrá la misma profundidad un artículo que tiene como objetivo ofrecer un producto conocido que aquel que explica un servicio especializado. Por ejemplo, un artículo sobre una nueva legislación fiscal para empresas. necesita contexto, ejemplos y matices. Esto, naturalmente, hará más largo el texto. En cambio, un post con consejos prácticos sobre organización personal puede ser, de forma natural, más directo y breve. Y aquí, la palabra clave es «natural». 

Todo debe fluir de forma natural y orgánica. A pesar de que «orgánico» suele ser una palabra de moda, en la escritura tiene un contexto muy distinto. Orgánico significa, en redacción, una escritura de «persona a persona», fluida y con sentido lógico. O sea… ¡Nunca escribas para Google! Escribe para tu cliente, casi como una carta dirigida expresamente a él o ella.

100 o 10.000 palabras no importan… ¡Lo importante es el valor que aportan!

La clave está en respetar la atención del lector, no subestimarla. Si el texto fluye, el lector seguirá leyendo, tenga 500 o 20.000 palabras. Hay una sutil, pero muy significativa, diferencia entre comprender la atención de tu lector y la condescendencia. Jamás trates a tu lector por encima del hombro. O sea, si tu lector busca una información más directa y rápida, no quiere decir que tenga un menor nivel. Se puede decir muy poco con muchas palabras, pero también se puede ser muy denso en un texto muy corto. Pero lo que nunca puedes hacer es rebajar la calidad de tu texto en pro de una extensión determinada.

Así que, al final de cuentas, adapta tu texto a los ojos de quien lee y siempre (oye bien… ¡Siempre!) respeta a tus lectores. Esa es, sin el más mínimo atisbo de duda, la clave para que un texto triunfe. Sea largo o corto.

2. ¿Cuál es el tema?

Hay temas que simplemente no dan más de sí. Intentar estirarlos es un error que lleva al relleno, frases obvias, repeticiones, datos irrelevantes. Si puedes transmitir una idea completa en 300 palabras, hazlo. Si el tema necesita 5.000 para ser tratado con rigor, adelante. La extensión del contenido debe adaptarse al tema, no al revés. He leído hasta la saciedad artículos que se podrían haber escrito con un tercio de las palabras usadas. Cuando un redactor trata de estirar un texto para cumplir la meta de equis cantidad de palabras, el resultado es una pérdida inevitable de calidad. Es como pretender hacer una jarra de limonada con medio limón. 

Algunas veces, los temas dan para describirlos en varias entregas. De hecho, esta es una estrategia muy usada por su eficacia. Los periódicos, revistas y algunos libros, se diseñan para leerse en dos, tres o más entregas. Sin embargo, esto requiere de una muy sesuda planificación. Un error muy común es finalizar un texto que ya está muy largo para hacer una parte dos. Si no se hace bien, el lector lo notará. Por lo tanto, si crees que el tema requiere tratarse en varios artículos, debes planificarlo con antelación. Recuerda que las sagas, las buenas, nacen como tal en la mente del autor desde el principio, nunca porque al final «se le acabó el espacio».

3. El estilo de tu blog

Un hecho básico y que debes contar siempre es que cada blog tiene una personalidad. Muchas veces esta personalidad es el producto de una estrategia bien planificada y otras, es el resultado del desarrollo de la escritura. Da igual cómo haya sido el proceso, al final, el lector fiel espera que el estilo se mantenga y que, al menos, los cambios editoriales tengan una razón.

Algunos blogs son informativos y didácticos; otros, más narrativos o reflexivos. Esta identidad también determina cuánto puedes o debes extenderte. Por ejemplo, si tu estilo es conversacional, con un enfoque formativo y estratégico, tus artículos pueden darse el lujo de ser largos. Puedes hacer que tus artículos fluyan, que expliquen y, al mismo tiempo, inviten a pensar. Eso hará que, naturalmente, y esta es la palabra clave, tus textos puedan exceder el límite mínimo de palabras según los indicadores SEO. La decisión no debe hacerse porque lo diga una regla, sino porque es la medida en la que tu mensaje respira sin volverse pesado. En cuánto a las «normas SEO», hay un par de cosas que debes saber. Veámoslas.

extensión de un artículo

El gran error: escribir para cumplir, no para comunicar

Uno de los mayores problemas que puedes ver en muchos blogs corporativos es la obsesión por «cumplir con el SEO». Y no malinterpretamos esto, el SEO es vital, obviamente. Pero es un medio, no un fin. Muchas empresas tratan desesperadamente de llenar sus blogs de artículos correctos, optimizados y extensos. Artículos que cumplen con las recomendaciones de los «gurús» pero, que realmente, son zombis, cuerpos sin alma.

Al leer textos que no emocionan, no inspiran, no responden a una pregunta real. Adivina que va a hacer el lector… ¡Sí, irse en cuánto tenga la mínima oportunidad! Compáralo con una conversación con ese vecino que te da la brasa cada vez que te lo encuentras en el ascensor; huyes despavorido ante la primera excusa.

La consecuencia es que esos artículos no se leen, no se comparten y no generan conexión. Y, paradójicamente, Google también lo nota, porque el algoritmo mide la interacción, el tiempo de permanencia y la calidad percibida del contenido. Si tu blog suena a plantilla, a IA o a copia barata, no hay número de palabras que lo salve.

Escribir con intención: del primer párrafo al CTA

Creo que a esta altura, ya tenemos bastante claro que la extensión ideal de un artículo no está en un número, sino en su fluidez y propósito. Desde la entradilla hasta la llamada a la acción, todo debe tener sentido y aportar algo nuevo. Cuando el lector siente que cada párrafo le da algo como una idea, una reflexión o una respuesta, la longitud pasa a un segundo plano. Lo que importa es el valor que percibe. No le importará cuánto es el tiempo de lectura. Esta especie de «mantra» puede ayudarte en tu texto:

  1. Cada línea debe justificar su lugar
  2. Si hay una parte que no suma, elimínala
  3. Cuando empiezas a rellenar o a meter con calzador frases prefabricadas… ¡Para!

Porque  sí, escribir bien también es saber cuándo parar.

En resumen (o casi)

Hasta aquí, tenemos meridianamente claro que:

  • No existen artículos demasiado cortos ni demasiado largos. Existen artículos vacíos y artículos valiosos
  • El tamaño ideal es aquel que sirve al lector, al tema y al estilo de quien lo escribe
  • Tus artículos deben seguir una fluidez natural, deben explicar sin balbucear, pero tampoco sin quedarse cortos

Así que la próxima vez que alguien te diga que tus textos deben tener 1.200 o 1.500 palabras porque lo dice Yoast SEO o Rank Math, sonríe. Recuérdales que la calidad no se mide con un contador, sino con una conexión.

extensión de un artículo

Cómo estructurar un artículo para mantener la atención (sin importar su extensión)

Temiendo ser repetitivo y cansino, voy a decir esto again: no hay una longitud ideal para un artículo. Lo que sí hay es una estructura que hace que, tenga la extensión que tenga, funcione. Porque la clave no está en contar mucho o poco, sino en mantener al lector dentro. Hay artículos de 300 palabras que parecen un castigo eterno y guías de 5000 palabras que se leen de un tirón.

¿Cuál es la diferencia? ¡Fácil! La forma en la que están contadas.

Si el texto fluye, el lector no se da cuenta del tiempo. Aún más, cuando un lector termina de leer y queda satisfecho, sentirá que ha invertido tiempo, no que lo ha perdido. Y eso es exactamente lo que buscamos: que el lector no lea por obligación, sino por curiosidad.

1. La primera impresión: el título y la entradilla

El viaje del lector empieza antes de la primera línea. Empieza en el título. Hacer buenos títulos es un arte en sí mismo, y si no me crees, respóndete a ti mismo: ¿Cuántas veces entras en un post porque el título te atrajo de forma ineludible? De hecho, esto es una profesión en sí misma. Los creativos detrás de los famosos click baits son maestros en generar títulos. Aunque, como ya tristemente has descubierto, hasta ahí llega su habilidad. Un buen título no solo describe, promete algo. Debe dejar claro qué obtendrá quien lea tu artículo, nunca, pero nunca, caer en los clichés de clickbait. 

Después llega la entradilla y el primer párrafo. Ese espacio es oro puro: ahí decides si el lector se queda o se va. Mi recomendación es que uses la entradilla para conectar. Plantea una situación reconocible, una pregunta o una afirmación que invite a seguir. No empieces explicando de qué trata el post, sino por qué debería importarle al lector. Busca otro post-it bien chillón y escribe en mayúsculas: ¡Un artículo para tu blog no es un trabajo del colegio, es una herramienta! 

Me gusta recomendar lecturas para afinar este fino arte de crear entradillas potentes. Si quieres perfeccionar esta habilidad, nutre tu caja de herramientas con estos libros (ojo, no son los únicos, ni los mejores, son sólo algunas recomendaciones):

  • La escritura transparente de William Lyon
  • Storytelling, la escritura mágica de Carlos Salas
  • Redacción sin dolor de Sandro Cohén
  • Libro de estilo de El País. Los diarios más importantes tienen el suyo propio, pero este me ha gustado mucho. 

Lee con cuidado y con la punta de los dedos. ¿qué quiero decirte? Qué tengas en cuenta que la redacción en inglés y en español es muy distinta. Así que, busca libros que originalmente sean escritos por autores hispanoparlantes o, por lo menos, que la traducción esté bien hecha.

2. Estructura interna: escribir para el ojo, no solo para la mente

En internet no leemos igual que en papel. ¿Eso está claro? Si no, no te preocupes, vamos a verlo. Verás, el ojo escanea antes de leer, y si no encuentra ritmo visual, se cansa. Por eso, tu texto necesita aire y ritmo. Espacios entre párrafos, frases de enlace, oraciones cortas y técnicas que visualmente no hagan que un texto se vea como un bloque contundente. Y eso se consigue con tres elementos sencillos:

  • Subtítulos claros: ayudan a dividir el texto en bloques lógicos. 
  • Párrafos cortos: de 3 a 5 líneas máximo. Visualmente más ligeros, más atractivos.
  • Frases con cadencia: alternar frases largas y cortas genera naturalidad.
  • Viñetas y listas numeradas… ¡Cuando sean necesarias! No abuses de este recurso.

El lector no quiere enfrentarse a un muro de texto. Quiere avanzar sin esfuerzo. Y cuando lo logras, puedes mantener su atención incluso en textos muy largos.

3. El corazón del artículo: una idea por sección

Cada bloque de tu artículo debería tener una idea principal. No intentes decirlo todo a la vez. Imagina que estás hablando con alguien cara a cara. Si saltas de tema constantemente, lo pierdes,  pero si construyes sobre una misma línea, mantienes su atención y su confianza.

Por eso, antes de escribir, define la estructura básica: Inicio – Desarrollo – Cierre.

Parece obvio, pero es sorprendente la cantidad de textos que fallan aquí. Empiezan con fuerza, divagan en medio y se apagan sin concluir eficazmente. El lector necesita sentir que lo llevas de la mano. Quiere saber de forma firme que hay una dirección, una progresión. Y eso se logra cuando cada párrafo empuja hacia el siguiente.

4. Ritmo narrativo: cómo hacer que el lector no se detenga

Hay algo que pocos redactores hablan abiertamente, el ritmo también se escribe. Y es lo que diferencia un texto correcto de uno que se disfruta. El ritmo se construye con:

  • Variedad en la longitud de las frases
  • Palabras que fluyen bien al leer en voz alta
  • Preguntas retóricas que invitan a pensar
  • Transiciones suaves entre ideas

El lector no debe notar el esfuerzo del escritor. Un buen artículo se siente como una conversación. No pesa, no abruma, simplemente avanza. Y ese avance es lo que permite que un texto largo parezca corto.

5. El valor real: lo que el lector se lleva

Puedes escribir un texto impecable en forma, pero si no aporta nada, se olvida en segundos. Por eso, cada artículo debe responder a una pregunta clave: ¿Qué gana el lector al terminar de leer esto? Esa es la diferencia entre un texto bonito y un texto útil. El primero entretiene, el segundo transforma.

Cuando tu artículo da información, claridad o incluso una pequeña epifanía, el lector lo recuerda. Y cuando te recuerda, te busca de nuevo. Por eso, la mejor métrica no es cuántas palabras tiene tu post, sino cuántas veces alguien lo comparte o lo guarda.

6. El cierre: tu llamada a la acción invisible

El final de un artículo no debe sentirse como un cierre abrupto, sino como una invitación. No se trata solo de decir «contáctame o suscríbete», sino de dejar una resonancia emocional o intelectual. El cierre no interrumpe, sino que abre un espacio para la acción natural. Si el texto le gusta al lector, querrá seguirte o leerte de nuevo sin que se lo pidas. Esa es la mejor call to action que existe: la que no parece una. 

Nota para ti: Vender es un arte, no vende más el que más gritos pega en un mercadillo, vende más el que siempre parece dar más de lo que ofrece.

7. Escribir como un acto de presencia

Hay algo que la inteligencia artificial todavía no puede replicar (al menos no de forma natural y bien ejecutada): la necesidad de ponernos en los zapatos del otro, de saber que nos entienden y de que hay una persona esforzándose para complacerme. Esa voz que aparece entre líneas, que transmite experiencia, empatía y visión. Por eso, aunque uses herramientas de apoyo o edición automática, tu toque personal debe estar presente. El lector percibe cuándo hay una mente y un corazón detrás del texto. Y eso, más que cualquier algoritmo, es lo que genera fidelidad. 

Ahora sí, vamos a resumir: escribir es una estrategia, no una fórmula

La extensión del artículo importa menos que la claridad de tu mensaje y la calidad de la experiencia lectora. Cuando un texto está bien estructurado, fluye con ritmo, aporta valor y suena humano, la longitud deja de ser relevante. Porque al final, escribir no es llenar un espacio, es crear un recorrido que le deje algo al lector: una idea, una emoción o una acción.

Así que, la próxima vez que te sientes a escribir, no pienses en el contador de palabras o en las mágicas fórmulas de ese influencer de Instagram. Piensa en la historia que estás contando y ten presente lo siguiente: Si el éxito se logra con fórmulas y sin esfuerzo… ¿Por qué alguien la revelaría gratis? Nunca olvides que tus textos son oportunidades para conectar. Como en esa conversación con un buen amigo, si tu texto fluye, el lector no mirará el reloj.

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